Por qué los fenómenos meteorológicos extremos impulsan la volatilidad de la política fiscal
Mantenerse al día de los cambios en las normas y los tipos de los impuestos indirectos sigue siendo uno de los principales desafíos del cumplimiento fiscal. Aunque el volumen de cambios en los tipos del impuesto sobre las ventas en EE. UU. se mantiene cerca de máximos históricos, es importante reconocer los factores que impulsan esta volatilidad en la formulación de políticas.
Las iniciativas de reforma del impuesto sobre bienes inmuebles son uno de ellos. También influyen los huracanes, las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y las tormentas intensas. La frecuencia y el coste de las catástrofes meteorológicas que provocan daños de al menos 1000 millones de dólares han aumentado notablemente entre 2000 y 2024, según los datos proporcionados por los National Centers for Environmental Information. Entre 1980 y 2024, EE. UU. sufrió una media de nueve catástrofes naturales de 1000 millones de dólares o más al año; entre 2020 y 2024, la media fue de 23 al año.
Cuando un incendio forestal arrasa la vertiente occidental de Colorado, el centro de Texas sufre una helada profunda o la costa del golfo se ve azotada por un huracán de categoría 4, estos fenómenos «pueden provocar perturbaciones fiscales que ponen a prueba cada vez más la resiliencia de los presupuestos gubernamentales», señalan Thao Pham y Manuela Sasot, coautoras de un artículo de Government Finance Review que examina la preparación del sector público para afrontar la realidad fiscal de los fenómenos meteorológicos extremos.
Fuentes de shocks fiscales
Las perturbaciones fiscales surgen de diferentes fuentes. La actividad empresarial, el empleo y los ingresos suelen disminuir inmediatamente después de una catástrofe, lo que se traduce en una menor recaudación fiscal. Los servicios de primera intervención y otras necesidades inmediatas de apoyo local pueden mermar los presupuestos locales. La destrucción de activos físicos puede provocar con el tiempo una disminución en la recaudación del impuesto sobre bienes inmuebles, que representa una parte importante de los ingresos de las administraciones locales. A más largo plazo, sin embargo, la reconstrucción y las actividades de recuperación conexas pueden estimular la actividad empresarial, la creación de empleo y el aumento salarial, lo que repercute positivamente en los ingresos fiscales, según Pham y Sasot.
Los cambios en las normas y los aumentos de los tipos del impuesto sobre las ventas pueden pasar a formar parte del debate sobre las políticas públicas cuando los gobiernos estatales y locales carecen de la resiliencia fiscal necesaria para cubrir los costes durante las labores de recuperación antes de que se consoliden los beneficios económicos de la reconstrucción o antes de que los ingresos por impuestos sobre bienes inmuebles vuelvan a los niveles previos a la catástrofe. Se puede recurrir a los fondos de reserva estatales (que mantienen todos los estados) y a los fondos de recuperación ante catástrofes (que mantienen 43 estados). Aunque los fondos de reserva no están muy por debajo de los máximos de la década, muestran signos de declive.
Además, las iniciativas de reforma del impuesto sobre bienes inmuebles podrían reducir los ingresos fiscales en varios estados si se aprueban. La buena noticia es que cada vez más estados utilizan el análisis de costes y la analítica avanzada de datos para modelizar los efectos probables de los fenómenos meteorológicos extremos, priorizar las inversiones y elaborar planes de recuperación antes de que se produzcan catástrofes. Un estudio reciente de Minnesota estimó que los costes anuales relacionados con el tiempo y el clima podrían triplicarse hasta alcanzar los 57 000 millones de dólares. El estudio también reveló que las inversiones en medidas de resiliencia podrían costar aproximadamente entre 8 y 15 veces menos.
Traducir esto al ámbito fiscal
Estos tipos de análisis demuestran que los funcionarios de los gobiernos estatales y locales están adoptando un enfoque más integral e interconectado para abordar la resiliencia fiscal. Queda por ver si estos esfuerzos reducen en última instancia la necesidad de aumentar los tipos del impuesto sobre las ventas (o nuevos impuestos sobre las ventas, nuevas tasas o nuevas normas que extiendan los impuestos sobre las ventas a servicios profesionales o de otro tipo anteriormente exentos).
En lugar de esperar a ese resultado, los responsables de impuestos deberían adoptar un enfoque igualmente integral e interconectado para gestionar el ciclo de vida del cumplimiento fiscal. Una capacidad de cumplimiento continuo proporcionará a los grupos de impuestos tiempo adicional para supervisar la resiliencia fiscal gubernamental, los fondos para imprevistos, la reforma del impuesto sobre bienes inmuebles y otros factores determinantes de los cambios en las normas y los tipos impositivos.
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